Miscelánea
Resistencia algorítmica en colectivos feministas en Instagram
Algorithmic resistance in feminist collectives on Instagram
Resistencia algorítmica en colectivos feministas en Instagram
Universitas-XXI, Revista de Ciencias Sociales y Humanas, vol. 45, pp. 189-218, 2026
Universidad Politécnica Salesiana

Recepción: 15 Abril 2026
Revisado: 29 Junio 2026
Aprobación: 05 Agosto 2026
Publicación: 01 Septiembre 2026
Resumen: Este artículo examina las prácticas comunicativas de cuatro colectivos feministas latinoamericanos en Instagram, en un contexto marcado por la creciente influencia del poder algorítmico sobre la circulación de contenidos digitales. Su objetivo es analizar cómo estos colectivos construyen estrategias discursivas para resistir las lógicas de visibilidad impuestas por la plataforma y, en ese proceso, producir formas de conocimiento situado vinculadas con las epistemologías del Sur. Para ello, se adopta un enfoque cualitativo que combina etnografía digital y análisis crítico del discurso. El corpus reunido mediante etnografía digital está conformado por 247 publicaciones —posts, reels, carruseles y stories— de colectivos activos en Argentina, Colombia y México, recopiladas entre diciembre de 2024 y marzo de 2025, y fue codificado para cuatro categorías de frecuencia —modificación del lenguaje, hashtags estratégicos, articulación interseccional y amplificación entre colectivos—, mientras que el análisis crítico del discurso en profundidad se aplicó a cuatro publicaciones seleccionadas como casos ilustrativos. Los colectivos fueron seleccionados con base en criterios de relevancia pública, actividad sostenida, enfoque interseccional explícito y diversidad geográfica y temática. Los resultados permiten interpretar que estos colectivos despliegan estrategias técnicas y simbólicas para sortear restricciones algorítmicas: modifican el lenguaje, rotan formatos y construyen redes de amplificación entre colectivos que no dependen del algoritmo. Sus discursos articulan, además, dimensiones de género, clase y territorio desde una perspectiva interseccional. Se concluye que estas prácticas presentan rasgos propios de la producción de conocimiento situado —en el sentido que dan a este concepto De Sousa Santos (2018) y Mandujano Estrada (2017)— y abren procesos de justicia cognitiva en entornos digitales, aunque los alcances de esta dimensión epistémica quedan condicionados por la escala y el diseño del estudio.
Palabras clave: Feminismo, algoritmos, interseccionalidad, comunicación, activismo, conocimiento, plataformas, resistencia.
Abstract: This article examines the communicative practices of four Latin American feminist collectives on Instagram within a context shaped by the growing influence of algorithmic power over digital content circulation. The aim is to analyze how these collectives develop discursive strategies to resist platform-driven visibility logics while, in that process, producing forms of situated knowledge linked to Southern epistemologies. The study adopts a qualitative approach combining digital ethnography and critical discourse analysis. The corpus gathered through digital ethnography comprises 247 publications — posts, reels, carousels, and stories — from collectives active in Argentina, Colombia, and Mexico, collected between December 2024 and March 2025, and was coded in full for four frequency categories —language modification, strategic hashtags, intersectional articulation, and inter-collective amplification—, while in-depth critical discourse analysis was applied to four publications selected as illustrative cases. Collectives were selected based on public relevance, sustained platform activity, explicit intersectional focus, and geographic and thematic diversity. The findings show that these collectives deploy both technical and symbolic strategies to navigate algorithmic constraints: they modify language, rotate formats, and construct inter-collective amplification networks that operate independently of the algorithm. Their discourses also articulate gender, class, and territorial dimensions from an intersectional perspective. It is concluded that these practices display features characteristic of situated knowledge production — as theorized by De Sousa Santos (2018) and Mandujano Estrada (2017) —and contribute to cognitive justice in digital environments, though the epistemic scope of this dimension remains conditioned by the scale and design of the study.
Keywords: Feminism, algorithms, intersectionality, communication, activism, knowledge, platforms, resistance.
Forma sugerida de citar: (APA)
Sánchez-Valtierra, J. A. (2026). Resistencia algorítmica en colectivos feministas en Instagram. Universitas-XX1, 45, pp. 189-218. https://doi.org/10.17163/uni.n45.2026.08
Introducción
Las plataformas digitales no son espacios neutros. Instagram, X, TikTok y sus equivalentes están diseñadas para maximizar el tiempo de atención del usuario y, con ello, los ingresos publicitarios.
Los algoritmos que organizan la visibilidad de los contenidos no responden a ningún criterio de justicia o representación: responden a métricas de engagement (Lozano y Quiroz, 2026). Esta es la tensión de fondo en la que operan hoy los colectivos feministas latinoamericanos que deciden usar esas mismas plataformas para organizarse, denunciar y producir conocimiento.
Este estudio se centra en el análisis de cuatro colectivos feministas latinoamericanos con presencia activa en Instagram durante un periodo de cuatro meses (diciembre 2024-marzo 2025), a partir del examen sistemático de sus publicaciones, dinámicas de interacción y estrategias discursivas. El análisis se inscribe en un enfoque cualitativo que combina etnografía digital y análisis crítico del discurso, con el objetivo de identificar patrones de resistencia algorítmica y formas de producción de conocimiento situado.
La pregunta que orienta este artículo es concreta: ¿de qué manera los colectivos analizados configuran estrategias comunicativas en el marco de las plataformas digitales gobernadas por lógicas algorítmicas sin abandonar los espacios que estas mismas plataformas ofrecen? De manera complementaria, se plantea una segunda cuestión: ¿qué tipos de conocimiento emergen de estas prácticas y cuáles son sus condiciones de producción y circulación, así como sus posibles audiencias?
El campo académico ha avanzado significativamente en el estudio del activismo feminista digital, abordando fenómenos como el hashtivismo (Tarullo y García, 2020), los tendederos virtuales (Sarilín Ronzón et al., 2023), las redes de apoyo en contextos de violencia (Muñoz-Zapata y Osorio-Franco, 2024), así como experiencias de colectivos en distintos países de América Latina (Godoy, 2023; Cucchi Rivero, 2021; Llanos, 2021; Austria, 2024). No obstante, a partir de la literatura revisada se observa que estos trabajos tienden a privilegiar enfoques descriptivos o socio-comunicativos, mientras que son menos frecuentes los análisis que articulan estas prácticas con una crítica sistemática del poder algorítmico y con marcos teóricos provenientes de las epistemologías del Sur que permitan conceptualizarlas como formas de producción de conocimiento situado. En este sentido, el presente artículo se sitúa en dicha intersección analítica.
La propuesta de este artículo se estructura en tres niveles articulados. En primer lugar, se establece el marco teórico desde las epistemologías del Sur y la noción de colonialidad del poder (De Sousa Santos, 2011; Quijano, 2000), el cual permite problematizar las condiciones de producción del conocimiento en los entornos digitales. En segundo lugar, se realiza un análisis empírico de las estrategias comunicativas desplegadas por colectivos feministas en Instagram frente a las restricciones impuestas por la gobernanza algorítmica de la plataforma. En tercer lugar, a partir de este análisis, se discute el alcance epistemológico de dichas prácticas, argumentando que no se restringen solo a estrategias de visibilidad y que pueden también ser entendidas como formas de producción del conocimiento situado con potencial contrahegemónico, en el sentido de justicia cognitiva propuesto por De Sousa Santos.
Marco teórico
Epistemologías del Sur y justicia cognitiva
El concepto de epistemologías del Sur, desarrollado por Boaventura de Sousa Santos, parte de una constatación incómoda: el sistema de producción del conocimiento moderno-colonial silencia ciertos saberes y también los destruye activamente. A esto lo denomina epistemicidio que se describe como la eliminación de las formas de conocer que no encajan en los cánones científicos heredados del colonialismo europeo (De Sousa Santos, 2011).
Frente a esa destrucción sistemática, las epistemologías del Sur proponen una ecología de saberes, entendida como el reconocimiento de la coexistencia de múltiples formas de conocer el mundo, muchas de las cuales adquieren validez en los contextos en los que se practican, sin caer en un relativismo que otorgue a todo conocimiento la misma validez y en relación con los problemas que buscan resolver.
La justicia cognitiva, entonces, adquiere una dimensión política: implica reconocer que detrás de cada jerarquía del conocimiento hay relaciones de poder, y que desafiar esas jerarquías también es una forma de resistencia. No obstante, este enfoque no está exento de críticas. Diversos autores han señalado que las epistemologías del Sur pueden incurrir en una romantización de los saberes subalternos o en una falta de criterios claros para evaluar la validez del conocimiento producido.
Desde una perspectiva de la acción colectiva, autores como Pleyers (2016) han señalado que los movimientos contemporáneos se caracterizan por procesos de subjetivación que transforman a los individuos en actores políticos. En el mismo sentido, Ponce (2017) analiza cómo Internet posibilita nuevas formas de acción colectiva y producción de subjetividades políticas, particularmente en los contextos latinoamericanos. En este trabajo, se asume una postura crítica que reconoce tanto el potencial liberador de estos saberes como la necesidad de analizarlos en sus condiciones concretas de producción.
Esto es exactamente lo que hacen los colectivos feministas cuando producen infografías sobre violencia de género desde sus propias categorías, cuando documentan casos de acoso en tendederos digitales que el algoritmo no prioriza, cuando construyen redes de acompañamiento que circulan por canales que el mercado no monetiza directamente (Sarilín Ronzón et al., 2023; Longo y Argañaraz, 2025; Austria, 2024).
De Sousa Santos y Bretal (2018) insisten en que el pensamiento del Sur no puede reducirse únicamente a una identidad geográfica. Se trata de una posición epistémica frente a las condiciones de dominación. Concretamente, un colectivo feminista de Ciudad de México o de Buenos Aires que denuncia la desaparición de mujeres desde categorías propias, sin recurrir al lenguaje de los organismos internacionales ni a las métricas que el algoritmo premia, está produciendo conocimiento desde el Sur, aunque utilicen Instagram, una plataforma creada en California.
Esta distinción resulta fundamental para el argumento de este artículo, porque una objeción recurrente a las epistemologías del Sur sostiene que cualquier grupo que resista una estructura de poder puede invocar el mismo marco. Un colectivo de ultraderecha que sortea la moderación algorítmica de sus contenidos emplea, técnicamente, mecanismos similares a los de un colectivo feminista: altera palabras, construye redes de difusión y produce lenguaje propio.
La diferencia no reside en la táctica; se encuentra en el contenido, la posición y la genealogía del saber producido. Mandujano Estrada (2017) lo formula con mayor precisión: la justicia epistémica no es un procedimiento neutral, es una exigencia política que parte del reconocimiento de las asimetrías históricas que determinan quién puede conocer, desde dónde y en qué condiciones. García Rangel (2021) añade que el problema tiene, además, un componente institucional: los dispositivos de reconocimiento y validación —académicos, legales y mediáticos— fueron diseñados en contextos coloniales que continúan operando, con distinta intensidad, en el presente, más allá de la invisibilización directa de ciertos saberes.
Los cuatro colectivos feministas latinoamericanos analizados producen conocimiento desde posiciones históricamente excluidas de los sistemas de validación —el académico, el mediático, el estatal— y sobre experiencias que esos sistemas han tendido a invisibilizar: la violencia de género estructural, el aborto como práctica de salud, la desaparición de mujeres en territorios específicos. Esa especificidad no los inmuniza frente a las dinámicas de la posverdad ni los sitúa automáticamente en una posición epistémicamente superior, pero sí distingue su producción de saber de la de otros grupos que operan desde posiciones de privilegio o desde agendas orientadas a restaurar jerarquías.
De Sousa Santos (2018) propone llamar a esto el fin del imperio cognitivo: la apertura de un diálogo entre formas de conocer que el canon moderno-colonial clausuró, sin que ello implique negar otros saberes. Amaro (2023) complementa esta perspectiva al mostrar que las luchas contra la opresión son, en sí mismas, propulsoras de las epistemologías del Sur, en tanto generan marcos de comprensión del mundo que no preexisten a la experiencia colectiva, pero se construyen a partir de ella. Esa es la condición de producción que este artículo rastrea en las prácticas comunicativas de los colectivos analizados.
Colonialidad del poder y plataformas digitales
Aníbal Quijano desarrolló el concepto de colonialidad del poder para describir algo que el fin del colonialismo formal no resolvió, lo que significa la persistencia de jerarquías de raza, clase y género como estructuras organizadoras del orden social global (Quijano, 1992, 1999, 2000). Lo que Quijano llama la clasificación social de la población según la raza sigue operando, aunque ya no lo haga a través de la administración colonial sino a través de mercados, instituciones y, hoy, algoritmos.
Los algoritmos de las plataformas digitales no son neutrales respecto a estas jerarquías. En términos operativos, esta no neutralidad se expresa en mecanismos específicos como la jerarquización de contenidos mediante sistemas de recomendación, la moderación automatizada basada en palabras clave y la reducción de alcance —frecuentemente denominada shadow banning— de publicaciones consideradas sensibles (Savolainen, 2022). Estos dispositivos configuran un entorno en el que ciertos discursos son sistemáticamente amplificados, mientras que otros son invisibilizados (Savolainen et al.,2022).
Gendler (2024) señala que desde los años setenta las tecnologías de la información han ido codificando rasgos individuales, cuantificando interacciones y modelando representaciones sociales. Esa dataficación reproduce y amplifica desigualdades existentes: lo que no genera engagement prácticamente no existe en el feed, y lo que interpela al poder puede ser censurado o directamente invisibilizado.
Calado Otero (2026) documenta cómo los cuerpos feministas son especialmente vulnerables a la violencia simbólica en entornos digitales, ya que sus contenidos son reportados, sus cuentas son suspendidas y sus publicaciones son reducidas en alcance sin explicación. En este sentido, el poder algorítmico opera como una nueva forma de lo que Quijano denomina colonialidad, actuando de manera indirecta: en lugar de suprimir los saberes de manera abierta, los vuelve invisibles en el feed.
Interseccionalidad como herramienta analítica
Los colectivos feministas latinoamericanos que operan en redes sociodigitales no hablan de un sujeto femenino abstracto. Sus discursos articulan posiciones de género con experiencias de clase, raza, migración, discapacidad y sexualidad. Esa articulación, que en el campo académico se formaliza como interseccionalidad, constituye tanto una categoría teórica como una práctica cotidiana de estos colectivos.
Fimiani (2024) muestra cómo redes feministas estudiantiles desarrollan prácticas educativas que parten de las experiencias situadas de sus participantes, incluyendo dimensiones de clase y raza que el feminismo liberal tiende a invisibilizar.
Rivera-Salas et al. (2023) documentaron cómo activistas poblanas en México producen infografías que combinan datos sobre violencia de género con análisis de las condiciones socioeconómicas que la estructuran. Esas prácticas no caben en las categorías del feminismo mainstream que los algoritmos suelen premiar.
Estado del arte
Activismo feminista en redes sociodigitales
El activismo feminista en América Latina ha sido ampliamente documentado desde diversas perspectivas. Estudios como los de Larrondo y Ponce Lara (2019) y Natalucci y Rey (2018) analizan la emergencia de una nueva ola feminista caracterizada por la articulación entre agendas de género, repertorios de acción colectiva y el uso intensivo de entornos digitales. En esta misma línea, Ortolá (2022) destaca el carácter transnacional de la cuarta ola feminista, evidenciando la circulación global de marcos interpretativos y prácticas de protesta. Por su parte, Puente (2011) ya anticipaba el papel de los entornos digitales en la configuración de una praxis feminista en red, particularmente en relación con la visibilización de la violencia de género.
Los estudios sobre activismo feminista en redes sociodigitales en América Latina pueden organizarse en al menos tres ejes analíticos principales. El primero se centra en la relación entre movilización digital y acción colectiva, donde se analiza el papel de las plataformas en la articulación de protestas y campañas (Laudano y Kratje, 2018; Godoy, 2023). Un segundo eje aborda la dimensión cultural y visual del activismo, destacando la producción simbólica y estética de los movimientos feministas (Llanos, 2021). Finalmente, un tercer eje examina las redes de apoyo y cuidado, enfatizando las prácticas comunitarias que se desarrollan en entornos digitales (Austria, 2024; Sarilín Ronzón et al., 2023).
En México, Austria (2024) describe las redes de acompañamiento feministas y sus relaciones complejas con el Estado. Estas no son simplemente opositoras al poder, sino que negocian, colaboran y a veces se distancian según las circunstancias.
Sarilín Ronzón et al. (2023) documentan la práctica concreta de los tendederos virtuales como forma de denunciar el acoso y el hostigamiento, mostrando cómo esa práctica migra del espacio físico universitario al digital sin perder su carácter colectivo.
En otros contextos latinoamericanos, Cucchi Rivero (2021) analiza la Coordinadora de Feminismos del Uruguay como experiencia de articulación entre grupos con distintas tradiciones y posiciones ideológicas. Amaris Martínez (s.f.) estudia el colectivo @lasviejasverdes en Colombia como ejemplo de uso de redes para la defensa de los derechos de las mujeres mayores. Jara y Arangue (2021) sitúan el movimiento por el aborto legal en Argentina en una clave histórica que permite entender cómo las redes sociales operan sobre un sustrato organizativo previo.
Prácticas digitales: hashtags, tendederos y cultura visual
La práctica del hashtivismo ha recibido atención particular. Tarullo y García (2020) analizaron #NiñasNoMadres de @actrices.argentinas como ejemplo de movilización digital que logró incidir en la agenda pública, mostrando la articulación entre una cuenta con gran audiencia y un mensaje que interpelaba directamente al Estado.
Abellán-Hernández y Centenero de Arce (2024) estudiaron la relación entre agenda feminista y concienciación visual, mostrando que los contenidos con mayor impacto son los que combinan datos con experiencias personales narradas en primera persona.
Corral Velázquez y Ruiz Islas (2021) ofrecen un marco conceptual para entender las redes sociodigitales como espacio público, distinto del espacio público liberal clásico en donde no hay un debate racional entre iguales, sino una competencia por la atención mediada por algoritmos que favorecen ciertos tipos de contenido sobre otros.
Muñoz-Zapata y Osorio-Franco (2024) muestran cómo, durante la pandemia de COVID-19, las redes se convirtieron en el único canal disponible para visibilizar violencias de género que quedaron invisibles en los sistemas de atención institucional.
Nogueira y Neiva (2018) estudian colectivos feministas en el campo de la música experimental en Brasil, mostrando que las redes no funcionan únicamente como canal de difusión, también operan como espacio de construcción de comunidad y de definición de agendas propias.
Longo y Argañaraz (2025) analizan la experiencia de Socorristas en Red acompañando abortos feministas en Argentina, una práctica que usa las redes para coordinar un trabajo de cuidados que el sistema de salud no garantiza.
3.3 El vacío: poder algorítmico y epistemologías del Sur
Lo que falta en este campo es una articulación sistemática entre tres elementos: las prácticas comunicativas de los colectivos feministas, la crítica al poder algorítmico como forma contemporánea de colonialidad, y las epistemologías del Sur como marco para entender esas prácticas como producción de conocimiento situado. Los estudios existentes describen bien lo que hacen los colectivos; pero pocos se preguntan qué tipo de saber producen ni en qué condiciones de poder lo hacen.
A pesar del creciente interés por el activismo feminista en redes sociodigitales en América Latina, persiste una problematización insuficiente del papel del poder algorítmico en la configuración de estas prácticas, y de su potencial como formas de producción de conocimiento desde perspectivas decoloniales. Este artículo busca contribuir a cerrar ese vacío.
Metodología
El diseño de esta investigación es cualitativo con perspectiva crítica. Integra la etnografía digital y el análisis crítico del discurso (ACD) bajo una lógica de estudio de caso múltiple, desarrollada en dos niveles analíticos complementarios. En una primera fase, la etnografía digital permitió construir un corpus contextual conformado por 247 publicaciones mediante la observación sistemática de cuatro perfiles durante cuatro meses (diciembre de 2024-marzo de 2025). Este seguimiento incluyó el monitoreo diario de posts, reels, carruseles y stories —capturadas dentro de las primeras 24 horas de su publicación—, el registro de patrones de frecuencia y formatos, así como la identificación de cambios en las estrategias discursivas. El conjunto completo fue codificado para cuatro categorías de frecuencia: modificación del lenguaje, uso de hashtags estratégicos, articulación interseccional y amplificación entre colectivos. En una segunda fase, el análisis de contenido y el ACD se aplicaron a cuatro casos ilustrativos —uno por colectivo—, examinados desde las dimensiones léxica, argumentativa y visual-discursiva. La codificación combinó procedimientos inductivos y deductivos e incorporó una segunda revisión para verificar la consistencia analítica.
La codificación aplicada al corpus completo tuvo un propósito descriptivo y de contextualización de tendencias, mientras que la interpretación discursiva se desarrolló exclusivamente sobre los cuatro casos seleccionados. De este modo, las frecuencias obtenidas permiten identificar recurrencias en el corpus, sin sustituir el análisis cualitativo pormenorizado realizado mediante el análisis crítico del discurso.
Instagram fue seleccionada como plataforma de estudio por tres razones principales: concentra una presencia sostenida de colectivos feministas latinoamericanos; sus dinámicas algorítmicas han sido relativamente documentadas en aspectos como el engagement, el tiempo de visualización y las señales de interacción; además, ofrece una amplia diversidad de formatos comunicativos, entre ellos publicaciones estáticas, stories, reels y carruseles.
La muestra está integrada por cuatro colectivos feministas con actividad constante en Instagram, seleccionados mediante cinco criterios aplicados de forma homogénea: (a) relevancia pública, reflejada en comunidades de entre 29 mil y 176 mil seguidores al inicio del periodo analizado (@actrices.argentinas ≈176 mil, @brujasdelmarver ≈164 mil, @causajustaporelaborto ≈35 mil y @socenredarg ≈29 mil); (b) incidencia documentada en la agenda pública, corroborada mediante cobertura periodística, comunicados de organizaciones aliadas y literatura especializada; (c) actividad sostenida, con al menos tres publicaciones semanales; (d) incorporación explícita de un enfoque interseccional, verificado en la biografía y en las publicaciones fijadas; y (e) diversidad geográfica y temática.
El material empírico reúne 247 publicaciones: 89 de @actrices.argentinas, 71 de @causajustaporelaborto, 54 de @socenredarg y 33 de @brujasdelmarver, recopiladas entre el 1 de diciembre de 2024 y el 31 de marzo de 2025. La distribución desigual responde al ritmo habitual de publicación de cada colectivo y no a diferencias en los criterios de inclusión. A partir de este conjunto se eligieron cuatro casos ilustrativos con base en dos criterios: publicaciones cuya interacción superó la mediana mensual del respectivo colectivo y contenidos que las administradoras identificaron como afectados por reducción de alcance, limitación de comentarios o eliminación, situación corroborada mediante la comparación de métricas visibles y las fechas reportadas. Estos filtros se utilizaron exclusivamente para el análisis detallado de los casos, mientras que la codificación de frecuencias se aplicó al conjunto completo de materiales.
Los colectivos analizados fueron Actrices Argentinas (@actrices.argentinas, Argentina), integrado por actrices y trabajadoras del espectáculo y reconocido por su participación en el hashtivismo mediante la campaña #NiñasNoMadres (Tarullo y García, 2020); Socorristas en Red (@socenredarg, Argentina), red feminista y transfeminista dedicada al acompañamiento de abortos que vincula la memoria del terrorismo de Estado con demandas contemporáneas (Longo y Argañaraz, 2025); Causa Justa por el Aborto (@causajustaporelaborto, Colombia), movimiento que promueve la despenalización del aborto como un derecho de salud; y Las Brujas del Mar (@brujasdelmarver, Veracruz, México), colectivo enfocado en la violencia de género y las disputas territoriales. En conjunto representan una diversidad geográfica y temática, además de articular el género con otros ejes estructurales como la clase, la raza, la edad o el territorio. Asimismo, presentan distintos niveles de visibilidad pública, característica que, aunque no constituyó un criterio de selección, resulta útil para comparar la manera en que las restricciones algorítmicas operan según el alcance acumulado de cada colectivo.
Para el análisis de contenido se diseñó una matriz que registró, para cada caso, el colectivo, la fecha, el formato, el tema principal, la estrategia de resistencia algorítmica identificada (modificación del lenguaje, uso de formatos, amplificación externa u otras), los ejes de desigualdad articulados (género, clase, raza y territorio) y el tipo de conocimiento producido (informativo, de denuncia, de acompañamiento o de formación). Esta matriz se aplicó a los cuatro casos ilustrativos, mientras que el conjunto completo fue codificado únicamente para las cuatro categorías de frecuencia antes descritas. De manera complementaria, el ACD profundizó en las dimensiones léxica —selección de palabras, eufemismos y hashtags—, argumentativa —estructura de las demandas y marcos de legitimación— y visual-discursiva —relación entre imagen y texto, tipografía y disposición gráfica—.
La cuarta fase correspondió a la codificación analítica, que integró las lecturas previas dentro de la matriz de variables. El procedimiento fue inductivo-deductivo: partió de las categorías derivadas del marco teórico, pero permaneció abierto a la incorporación de categorías emergentes, las cuales fueron contrastadas mediante una segunda revisión para asegurar la consistencia del proceso. A partir de este procedimiento, los hallazgos se organizaron en tres ejes: estrategias discursivas de resistencia algorítmica, articulación interseccional de los discursos y producción de conocimiento situado como expresión de justicia cognitiva.
Desde el punto de vista ético, las capturas corresponden exclusivamente a publicaciones de acceso público. Los nombres de los colectivos se presentan íntegramente por tratarse de actores públicos, mientras que los comentarios de seguidoras reproducidos en las figuras fueron parafraseados con el fin de evitar la difusión literal de testimonios sin consentimiento expreso. El investigador no forma parte de ninguno de los colectivos analizados, aunque comparte con ellos el campo político del feminismo latinoamericano, circunstancia que favorece el acceso interpretativo. Para reducir posibles sesgos, las categorías analíticas se construyeron con referencia explícita al marco teórico, fueron sometidas a una segunda revisión y las conclusiones acerca del carácter epistémico de estas prácticas se formulan con la debida cautela.
Resultados y discusión
Antes de presentar en detalle los cuatro casos ilustrados en las figuras 1 a 4, conviene precisar el alcance de la evidencia que sostiene esta sección. La totalidad del corpus (247 publicaciones) fue codificada para cuatro categorías de frecuencia —modificación del lenguaje, uso de hashtags estratégicos, articulación interseccional y amplificación entre colectivos—, cuya síntesis se presenta en la Tabla 1. Esta codificación de frecuencia permite dimensionar, sobre el conjunto del corpus, la prevalencia de los patrones que después se ilustran en profundidad.
El análisis crítico del discurso en sus tres dimensiones —léxica, argumentativa y visual-discursiva—, en cambio, se aplicó a las cuatro publicaciones seleccionadas como casos ilustrativos, una por colectivo, cuyo detalle se desarrolla en los apartados 5.1 a 5.3.
Las frecuencias presentadas cumplen una función descriptiva que permite contextualizar los patrones observados en el corpus. La interpretación de su significado comunicativo y político se desarrolla exclusivamente a partir del análisis detallado de los cuatro casos ilustrativos.

Caracterización del corpus por colectivo (N = 247)
Nota. Elaboración propia con base en el corpus analizado (N = 247).La Tabla 1 muestra que –actrices.argentinas concentra la mayor proporción del corpus (36.0 %) y encabeza también cada formato individual, seguido de –causajustaporelaborto (28.7 %), –socenredarg (21.9 %) y –brujasdelmarver (13.4 %), cuyo menor volumen de publicaciones propias es consistente con su papel como amplificadora de contenidos de otras cuentas (véase Tabla 2). Cada publicación fue clasificada en un único formato –post, carrusel, reel o story– según su presentación principal, por lo que los subtotales de formato corresponden exactamente al total de publicaciones de cada colectivo. En conjunto, posts y carruseles concentran cerca del 69 % del corpus, frente a un 24.7 % de reels y apenas un 6.1 % de stories.

Desagregación de las estrategias identificadas
Nota. Elaboración propia con base en el corpus analizado (N = 247).Los casos consignados en la Tabla 2 son ilustrativos de las publicaciones analizadas en profundidad en los apartados 5.1 a 5.3 (Figuras 1 a 4) y no agotan la totalidad de manifestaciones de cada estrategia en el corpus. Como muestran las frecuencias reportadas, la articulación interseccional (69.2%) y los hashtags estratégicos (53.4%) son las prácticas más extendidas, mientras que la modificación del lenguaje (23.5%) y la amplificación entre colectivos (19.8%), aunque minoritarias, se concentran de forma consistente en torno a temas y colectivos específicos.
Estas cifras fortalecen que los patrones observados en los cuatro casos ilustrativos no son episodios aislados, sino expresiones de tendencias que recorren el corpus completo. A partir de aquí, el análisis crítico del discurso profundiza en cada uno de estos casos, comenzando por las estrategias de resistencia al poder algorítmico identificadas en el apartado 5.1.
Estrategias de resistencia al poder algorítmico
Las publicaciones analizadas permiten identificar prácticas compatibles con un conocimiento práctico del funcionamiento algorítmico de Instagram y con estrategias orientadas a negociar sus dinámicas de visibilidad.

@actrices.argentinas
Nota. Publicación del 7 de marzo de 2025 convocando al 8M (post fijo, formato cuadrado). El diseño articula demandas económicas —“contra el hambre, el saqueo y la crueldad”— con la convocatoria feminista, integrando en un mismo mensaje dos ejes que el discurso institucional tiende a separar: economía y género. Con 916 “me gusta”, la publicación se ubica por encima de la mediana mensual del colectivo (643). Los comentarios están limitados por la plataforma, puede interpretarse como un indicio de restricciones de visibilidad compatibles con procesos de moderación automatizada. Esta publicación fue seleccionada como caso de articulación entre estrategia de resistencia (hashtags combinados, lenguaje elusivo de censura) y producción de sentido político desde una posición interseccional (trabajo, cuerpo, género).La observación sistemática del corpus muestra un uso combinado de hashtags: algunos de amplia circulación para favorecer la visibilidad inicial y otros más específicos para alcanzar comunidades previamente politizadas (López-Ortega y Noronha, 2021). Asimismo, se identificó una combinación de formatos según el tipo de contenido: los reels tendieron a concentrar mayores niveles de interacción visible, mientras que los carruseles se utilizaron para desarrollar argumentos más extensos. Las stories se emplearon principalmente para difundir información de coordinación, testimonios sensibles y contenidos relacionados con la atención de casos de violencia.

@socenredarg (Socorristas en Red)
Nota. Publicación del 24 de marzo de 2025 en conmemoración del Golpe Cívico-Militar de 1976 (post fijo). El texto articula memoria histórica del terrorismo de Estado con demandas feministas actuales: “Fue genocidio. La memoria es lucha colectiva.” Con 156 “me gusta”, se ubica por debajo de la mediana mensual del colectivo (203), lo que puede reflejar menor circulación de contenidos de memoria en comparación con los de acompañamiento práctico. Esta publicación importa al análisis porque muestra la producción de conocimiento situado en su dimensión temporal: el colectivo conecta la violencia del pasado con la del presente, generando un marco interpretativo que no proviene de los organismos de derechos humanos ni de los medios, sino de la experiencia acumulada en el acompañamiento de abortos y en la memoria de la represión.En el plano político, se observan dinámicas particulares. Frente a episodios que las administradoras reportaron como reducciones de alcance o a restricciones de visibilidad asociadas por los propios colectivos al uso de términos como “violación”, “aborto” o “acoso”, se observa el desarrollo de estrategias discursivas orientadas a sortear posibles restricciones de visibilidad. Entre ellas destacan el uso de asteriscos, la creación de variantes léxicas y la incorporación de texto incrustado en imágenes, menos susceptible de ser tratado del mismo modo que el texto del cuerpo de la publicación por los sistemas automatizados de moderación. Por ejemplo, en diversas publicaciones se observa la sustitución de términos como “aborto” por formas alteradas como “ab0rto” o “abort0”, así como el uso de fragmentación tipográfica (abort*o) para evitar la detección automatizada.
Estas prácticas permiten interpretar una apropiación creativa del lenguaje como respuesta a restricciones de visibilidad percibidas por los colectivos, en consonancia con lo que Calado Otero (2026) denomina hackeo de la corporalidad normativa de las plataformas, y son simultáneamente una táctica de supervivencia y una forma de producción de lenguaje propio.

@causajustaporelaborto
Nota. Publicación del 7 de abril de 2025 en el Día Mundial de la Salud (carrusel de 5 páginas). El diseño tipográfico coloca la palabra “aborto” subrayada como afirmación de derecho y servicio esencial de salud, en una decisión estética deliberada que evita el lenguaje eufemístico que suele activar los filtros de moderación. Con 3,311 “me gusta” —la publicación con mayor interacción del corpus— y el apoyo explícito de colectivos aliados como @lasviejasverdes, ilustra el funcionamiento de las redes de amplificación manual. Los comentarios están limitados por la plataforma, lo que contrasta con el alto nivel de interacciones positivas y es consistente con la posibilidad de que determinados mecanismos de moderación afecten de manera diferenciada algunos tipos de interacción, aunque la plataforma no permite establecer relaciones causales directas. Esta publicación fue seleccionada como caso paradigmático de la combinación entre estrategia técnica (diseño tipográfico elusivo) y articulación interseccional (aborto como derecho de salud, no como cuestión moral).

@brujasdelmarver (Las Brujas del Mar, Veracruz, México):
Nota. Publicación del 9 de marzo de 2025 en el contexto de la marcha del #8M (post fijo). A diferencia de los colectivos de mayor escala, esta publicación alcanzó 273 “me gusta”, cifra que se ubica en la mediana del colectivo y es compatible con patrones diferenciados de visibilidad entre cuentas de distinta escala, aunque estos no permiten atribuir de manera directa su comportamiento al funcionamiento interno del algoritmo. El contenido articula la convocatoria a la marcha con referencias al territorio veracruzano y a los casos locales de desaparición de mujeres, algo que lo distingue de las publicaciones genéricas sobre el 8M. Esta especificidad territorial —que dificulta la circulación masiva, pero hace más denso el contenido político— es un rasgo propio del conocimiento situado: su valor no se mide por el alcance, sino por la precisión con que nombra una experiencia concreta.Además, los colectivos combinan la coordinación interna con la difusión pública: articulan espacios seguros, comparten información, promueven marchas y eventos fuera de línea, y conectan la movilización digital con la acción en las calles; en esa lógica, herramientas como WhatsApp refuerzan la identidad colectiva y la solidaridad interna (Treré, 2020). Esta estructura de red descentralizada constituye una respuesta directa a la vulnerabilidad que implica depender de una única plataforma que puede censurar o eliminar una cuenta sin previo aviso (Corral Velázquez y Ruiz Islas, 2021).
Estos hallazgos dialogan con lo planteado por Ortolá (2022), en cuanto a la dimensión transnacional del feminismo contemporáneo, así como con las propuestas de Pleyers (2016), quien subraya la centralidad de la subjetivación en los movimientos actuales. En este sentido, las prácticas observadas dialogan con lógicas algorítmicas y configuran formas de acción colectiva que rearticulan lo político en el entorno digital, sin que este estudio establezca una relación causal directa con el funcionamiento interno del algoritmo.
Articulación interseccional de los discursos
Los discursos de los cuatro colectivos analizados no construyen un sujeto femenino abstracto ni homogéneo. Sus publicaciones articulan de manera sistemática el género con la clase y el territorio, los dos ejes para los que el corpus analizado ofrece evidencia consistente en los cuatro casos; referencias puntuales a raza, situación migratoria o edad aparecieron de forma más esporádica y no se documentan aquí como patrones del corpus por no contar con evidencia suficiente que las sostenga. Esa articulación no aparece solo en los enunciados programáticos, también en los casos concretos que documentan, en los testimonios que amplifican y en las demandas que construyen.
Las publicaciones analizadas al detalle permiten identificar cuatro patrones de articulación interseccional, cada uno anclado en un colectivo distinto y respaldado cualitativamente por la observación sistemática del corpus más amplio sin que este estudio busque cuantificar la frecuencia específica de cada patrón más allá de la codificación descriptiva presentada en la Tabla 1. El primero es la articulación género-economía, ilustrada en la publicación de @actrices.argentinas analizada minuciosamente. La convocatoria al 8M de 2025 (figura 1) no separa la demanda feminista de la denuncia del ajuste económico: las trabajadoras del espectáculo que firman el llamado pueden entenderse como mujeres precarizadas y sujetas de la violencia de género.
El segundo patrón es la articulación género-memoria-Estado, ilustrada en la publicación de @socenredarg analizada pormenorizadamente. La publicación del 24 de marzo de 2025 (figura 2) no habla de las desaparecidas del terrorismo de Estado como una cuestión del pasado, también como antecedente de las violencias que el colectivo acompaña hoy: el aborto clandestino, la violencia obstétrica, la criminalización de las mujeres pobres.
El tercero es la articulación género-salud-derecho, ilustrada en la publicación de @causajustaporelaborto analizada exhaustivamente. La publicación del Día Mundial de la Salud (figura 3) ubica el aborto no como una cuestión moral, sino como un servicio esencial al que acceden de forma desigual mujeres según su clase y su ubicación geográfica.
El cuarto patrón es la articulación género-territorio-desaparición, ilustrada en la publicación de @brujasdelmarver analizada a conciencia. A diferencia de los colectivos anteriores, Las Brujas del Mar anclan su discurso en el estado de Veracruz, nombrando condiciones locales —la presencia del crimen organizado, la corrupción policial, la vulnerabilidad de las mujeres en zonas rurales— que los marcos nacionales e internacionales suelen invisibilizar. Desde la perspectiva adoptada en este estudio, lo que hace epistémicamente relevante esta articulación interseccional es que no preexiste a la experiencia colectiva: se construye en el proceso de producir contenido.
Freitas (2020), en un trabajo sobre las epistemologías del Sur en el contexto universitario latinoamericano, señala que este tipo de producción situada constituye una alternativa al conocimiento académico, que también lo interpela, obliga a reformular las preguntas y no se limita a incorporar nuevos datos. En esta línea, De Sousa Santos (2018) sostiene que estos discursos apuntan a lo que denomina “el fin del imperio cognitivo”: el momento en que los saberes producidos desde la experiencia dejan de pedir permiso a aquellos construidos desde la distancia.
Esa articulación interseccional también puede incidir en qué contenidos el algoritmo favorece y cuáles invisibiliza, a partir de patrones de engagement observables. Las publicaciones que hablan de violencia de género en términos abstractos y emotivos generan más engagement que las que analizan la estructura socioeconómica que la produce. Los colectivos son conscientes de esto y desarrollan estrategias para no ceder completamente a esa lógica usando formatos de alta viralidad para captar atención, pero redirigiéndolo hacia contenidos más complejos a través de los links en bio, los carruseles de múltiples páginas y las stories de archivo (Amaral y Ventura, 2025).
Rivera-Salas et al. (2023) documentan exactamente esta misma tensión en las activistas poblanas: la necesidad de producir contenidos visuales atractivos para la plataforma sin reducir la complejidad de los análisis que quieren circular. Fimiani (2024) muestra el mismo dilema en el contexto universitario bahameño, la simplificación que exigen las redes puede ir en contra de los objetivos educativos de los colectivos.
Producción de conocimiento y justicia cognitiva
Este artículo sostiene que las prácticas comunicativas analizadas pueden comprenderse como formas de producción de conocimiento situado (Viana et al., 2023). Y ese conocimiento tiene características específicas que lo distinguen del conocimiento académico convencional. La matriz de codificación aplicada a los cuatro casos analizados detalladamente permite ilustrar esta caracterización con evidencia concreta y no solo con argumentación teórica: cada uno de los cuatro casos ejemplifica un tipo de conocimiento producido —informativo, de denuncia documentada, de acompañamiento y de memoria colectiva, respectivamente—, según se detalla en las figuras 1 a 4. Las tres características que se describen a continuación —producción colectiva, urgencia y confrontación con el poder— atraviesan estas categorías con distinta intensidad, según se detalla en cada caso.
Primero, es un conocimiento producido colectivamente. En los casos estudiados, la producción de conocimiento no responde al modelo de un investigador individual que analiza un objeto externo, sino que adopta la forma de una construcción colectiva basada en experiencias compartidas. A través de sus publicaciones, los colectivos feministas elaboran formas propias de nombrar sus experiencias y construyen marcos interpretativos que se enriquecen mediante la interacción con sus comunidades digitales, como se observa en la incorporación de testimonios compartidos por las personas seguidoras. Esto se observa, por ejemplo, en publicaciones donde las seguidoras contribuyen con testimonios en los comentarios, los cuales son posteriormente integrados en nuevas publicaciones, generando un proceso iterativo de construcción colectiva del conocimiento. Este patrón se identifica con claridad en la publicación de @socenredarg estudiada para este trabajo.
Segundo, las evidencias analizadas muestran una producción de conocimiento caracterizada por la urgencia temporal. No responde a los tiempos de la publicación académica, responde a los de la crisis ya que cuando una mujer desaparece, el colectivo activa sus redes en horas. Esa urgencia produce un tipo de conocimiento que no puede esperar la validación institucional. El registro etnográfico documenta episodios en los que los colectivos respondieron a una coyuntura de crisis en un plazo de horas o pocos días.
Tercero, las publicaciones analizadas configuran formas de conocimiento orientadas a interpelar estructuras institucionales y políticas. Las infografías sobre violencia de género, los tendederos virtuales, los hilos de Twitter que documentan casos de acoso institucional no son solo registros, son argumentos que circulan en el espacio público y que tienen efectos sobre la agenda política y mediática (Abellán-Hernández y Centenero de Arce, 2024; Tarullo y García, 2020). Los cuatro casos analizados se clasifican dentro de esta categoría de denuncia documentada, y el registro etnográfico sugiere que publicaciones de tono similar aparecen de forma recurrente en los cuatro colectivos.
Longo y Argañaraz (2025) muestran que la experiencia de Socorristas en Red trasciende la difusión de información: produce lo que llaman “producción de lo común”, es decir, un saber compartido sobre cómo acompañar un aborto que no existía en ningún manual médico ni en ningún protocolo institucional. Ese saber circula por las redes, se actualiza con cada experiencia y se adapta a cada contexto territorial. En términos de De Sousa Santos (2018), constituye una epistemología del Sur en acción, no porque el colectivo declare adherir a ese marco teórico, sino porque el proceso de producción del saber cumple con sus rasgos definitorios: es colectivo, situado, urgente y orientado a una demanda concreta de justicia.
Una objeción necesaria: ¿no podrían otros grupos —de ultraderecha, antiderechos, negacionistas del cambio climático— reclamar exactamente los mismos rasgos para sus propias prácticas comunicativas? La respuesta es que la forma del proceso no basta para definir una epistemología del Sur; también importa la relación de ese saber con las estructuras históricas de dominación.
Amaro (2023) es preciso al respecto: las luchas contra la opresión son propulsoras de las epistemologías del Sur porque parten de posiciones de subordinación estructural, y no simplemente de posiciones minoritarias o contestatarias en sentido genérico. Un grupo antiderechos que elude la moderación de Instagram no resiste una estructura que lo subordina históricamente, por el contrario, reproduce —desde otro ángulo— una jerarquía que criminaliza los cuerpos de las mujeres (Witt et al.,2019).
La distinción no siempre es fácil de trazar, y este artículo no pretende resolverla de manera general; pero sí es trazable en el caso de los colectivos analizados, cuyas demandas se inscriben en historias organizativas documentadas de resistencia a formas específicas de dominación de género, clase y raza. Esa genealogía —junto con la dimensión de la táctica algorítmica— es lo que distingue su producción de saber.
Suárez Tomé (2023), en su análisis del juicio feminista como experiencia de resistencia epistémica, muestra que las prácticas feministas no se limitan a producir contenidos distintos, que intervienen en los criterios mismos de validez: la coherencia con la experiencia vivida, la interpelación colectiva y la capacidad de nombrar aquello para lo que el lenguaje dominante no dispone de categorías. Este es el horizonte en el que se inscriben las prácticas analizadas en este artículo.
Frente al poder algorítmico que invisibiliza estos saberes, los colectivos desarrollan lo que podría llamarse pedagogías de la resistencia (Matos de Souza et al.,2018). Forman a sus propias participantes en el uso crítico de las plataformas, comparten entre colectivos las estrategias que funcionan y documentan las formas de censura que experimentan. Gutiérrez (2017) señalaba que las representaciones de género en las nuevas tecnologías no son neutrales; los cuatro colectivos estudiados han interiorizado ese diagnóstico y actúan en consecuencia.
Las interpretaciones desarrolladas en este apartado derivan del análisis crítico del discurso aplicado a los cuatro casos ilustrativos y se contextualizan mediante las recurrencias identificadas en el conjunto del corpus, sin pretender establecer relaciones causales directas sobre el funcionamiento interno de los sistemas algorítmicos de la plataforma.
Conclusiones
Los colectivos feministas latinoamericanos analizados no pueden caracterizarse como actores pasivos frente al poder algorítmico. Tampoco han resuelto el problema; operan en una tensión permanente entre la necesidad de alcanzar visibilidad y las restricciones impuestas por una plataforma diseñada para otros fines. Esa tensión no constituye un defecto de sus estrategias, sino la condición misma en la que producen conocimiento.
Este artículo sostiene que dicha producción tiene un valor epistémico que va más allá de la táctica comunicativa. Cuando un colectivo feminista desarrolla un código propio para sortear restricciones algorítmicas, produce nuevas formas de nombrar la experiencia. Desde la perspectiva teórica adoptada, estas prácticas pueden entenderse como procesos de producción de conocimiento situado.
Cuando documentan casos de violencia desde las categorías de sus propias comunidades, en lugar de las de las instituciones o las organizaciones internacionales, están ejerciendo lo que De Sousa Santos (2018) denomina justicia cognitiva: el reconocimiento del derecho a conocer desde posiciones que el canon académico y mediático tiende a descalificar. Torres de Luna (2023), al sistematizar el concepto, señala que la injusticia cognitiva no es solo la exclusión de ciertos saberes, es la negación de la capacidad de conocer de quienes los producen: no se invalida el contenido, se invalida al sujeto. Esa es la operación que los colectivos analizados confrontan cuando Instagram reduce el alcance de una publicación sobre aborto o sobre desapariciones: no se trata únicamente de una restricción de visibilidad, parte de un mecanismo que distribuye asimétricamente la capacidad de enunciación y define las condiciones de legitimidad del habla en la plataforma.
Los resultados permiten interpretar que algunas dinámicas algorítmicas presentan rasgos compatibles con lo que Quijano conceptualizó como colonialidad del poder. Resistir esa colonialidad desde las redes no requiere abandonar las plataformas, requiere apropiarlas mediante usos no previstos en su diseño.
Este artículo tiene una limitación metodológica que es necesario reiterar: si bien la totalidad del corpus (247 publicaciones) fue codificada para cuatro categorías de frecuencia —modificación del lenguaje, hashtags estratégicos, articulación interseccional y amplificación entre colectivos— (Tabla 1), el análisis en profundidad —mediante la matriz de variables cualitativas y el análisis crítico del discurso en sus tres dimensiones— se aplicó únicamente a cuatro publicaciones seleccionadas como casos ilustrativos, una por colectivo. Esta decisión de diseño combina una cobertura cuantitativa del corpus completo para un número acotado de categorías con una profundidad interpretativa reservada a los casos ilustrativos, lo cual es coherente con un estudio de caso múltiple de orientación cualitativa, pero limita la posibilidad de desagregar por colectivo, formato o tema la frecuencia de patrones más finos —como los ejes de desigualdad específicos o los tipos de conocimiento producido—. Una codificación sistemática de las 247 publicaciones en el conjunto completo de variables de la matriz queda propuesta como línea de trabajo necesaria para futuras investigaciones.
Quedan preguntas que este artículo no resuelve. ¿Hasta qué punto esta resistencia puede sostenerse sin acceso a plataformas alternativas o a recursos propios de publicación? ¿Cómo afectan las transformaciones continuas de los algoritmos a las estrategias que los colectivos han construido a lo largo del tiempo? ¿Qué ocurre con los colectivos que no tienen la capacidad técnica ni el tiempo para desarrollar estas estrategias?
La datificación social es un problema de clase además de género y raza: no todos los colectivos tienen el mismo acceso a las herramientas para resistirla. Una dimensión que merece atención específica es la relación entre estos saberes y las dinámicas de la posverdad. Los mismos entornos digitales que permiten a los colectivos feministas producir y circular conocimiento situado son también espacios de proliferación de infodemia, desinformación y manipulación mediática.
En el corpus analizado no se encontraron prácticas deliberadas de desinformación por parte de los colectivos; ya que algunas publicaciones citan fuentes y datos verificables. Sin embargo, la pregunta sobre cómo estos actores mantienen la integridad de sus discursos frente a los riesgos de la viralización selectiva y la reinterpretación fuera de contexto sigue abierta, y constituye una línea de investigación necesaria para cualquier estudio que pretenda evaluar el valor epistémico de las prácticas comunicativas en entornos digitales. Coelho y Franz (2020), en su análisis de la pedagogía del virus, muestran cómo las plataformas digitales pueden ser simultáneamente espacios de resistencia y de reproducción de desigualdades. Esa tensión no desaparece simplemente por el hecho de que los actores sean feministas.
Los hallazgos sugieren que, en los casos analizados, la resistencia algorítmica y la producción de conocimiento situado aparecen estrechamente vinculadas y se refuerzan mutuamente. El lenguaje que se altera para evadir un filtro es, al mismo tiempo, el lenguaje en el que se nombra una experiencia que no tenía nombre institucional. El formato elegido para captar la atención es también el soporte de un argumento sobre quién tiene derecho a cuidar un aborto o a nombrar una desaparición. Esa imbricación entre táctica y episteme es, a juicio de este artículo, el hallazgo más relevante y el que abre la agenda de investigación más fértil.
Este artículo es una contribución parcial a un campo que sin duda requiere mayor investigación empírica y un diálogo más amplio entre los estudios de comunicación, las ciencias sociales críticas y los propios colectivos analizados. Sus límites responden al diseño de la investigación: cuatro colectivos, cuatro meses y una única plataforma. Los hallazgos no son generalizables a todo el activismo feminista digital latinoamericano, pero sí permiten sostener que el nexo entre resistencia algorítmica y producción de conocimiento situado es empíricamente rastreable y teóricamente relevante. Ampliar este análisis a un mayor número de colectivos, plataformas y diseños participativos que incorporen las voces de las propias activistas constituye una tarea pendiente que este trabajo deja abierta.

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Información adicional
redalyc-journal-id: 4761
Enlace alternativo
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